jueves 13 de marzo de 2008

"El último balsero"

Eran ya pasadas las doce de la noche, las olas golpeaban con suavidad espumosa la arena blanca y fina que rodeaba la playa, una brisa fresca y tenue acariciaba las mejillas del desesperado hombre que con nervioso y pesado andar arrastraba un artefacto casero construido para flotar el las traicioneras aguas del mar Caribe. Tres cámaras de llantas de tractor enormes amarradas una con otra envueltas todas en una especie de lona, conformaban la estructura de la ingeniosa embarcación. Dos remos de madera amarrados a cada extremo y una mochila atestada de agua potable y alimentos en conserva era todo el cargamento. El hombre solitario arrastraba con dificultad la precaria embarcación. Ya era demasiado viejo para esos trajines, también, el nerviosismo y los malos recuerdos se agolpaban en su anciano cerebro y hacían aun más angustiosos esos momentos.

Al fin logró llegar a la orilla y con colosal esfuerzo pudo introducir su nave en el agua. Se subió encima y comenzó su largo navegar a lo desconocido. Casi sin fuerzas tomó cada remo y con la mirada fija en el horizonte emprendió el desesperado viaje. En verdad la noche estaba fresca, la brisa olorosa ayudaba a la balsa a navegar mejor, casi no tenia que mover los remos, la embarcación iba viento en popa. La oscuridad era casi total, la Luna al parecer no quería ser testigo de aquel acontecimiento y se escondió detrás de un manto de nubes negras que despreocupadamente cobijaban el firmamento, las estrellas la imitaron porque ni una sola brillaba en el cielo.

Las horas fueron pasando, y el mar se mantenía en completa calma, la brisa se hacia cada vez mas fresca y agradable. El viejo balsero se sentía emocionalmente destruido, aunque con la esperanza de llegar a su destino, una ilusión que le daba fuerzas, las suficientes para mantenerse encima de la balsa, sin embargo, los recuerdos le venían galopantes unos tras otro a la memoria, y aunque no quería pensar en ello, era totalmente imposible, era como si alguna fuerza fuera del alcance humano le impidiera dejar de recordar.

El pueblo en las calles agitando banderas americanas, gritando vivas al Yuma, el mismo pueblo que días atrás gritaba con la misma fuerza y aparentemente el mismo entusiasmo consignas a favor de la revolución y en contra del Imperialismo Yanqui; esas imágenes le hacían verdadero daño. Una multitud frente al Palacio de la Revolución pedían enfurecidos la cabeza de quien hasta hacía unos cuantos días y por casi cuarenta y ocho años había sido la máxima figura de la Nación, el omnipotente, el omnipresente, el dueño y señor de todo lo que en la tierra de Martí existía. Aquello era el fin de una era, el holocausto revolucionario, la muerte de un mito. Los cadáveres en las calles se podían contar por cientos, la venganza era rampante; en su recorrido hasta la playa había visto más de un cuerpo colgando de postes y aleros, en portales tétricos con escasa iluminación, ahorcados con cualquier cosa, incluso con alambres. El ejército había salido a las calles a tratar de aplastar la revuelta pero fue imposible detener aquella multitud enfurecida sin dirección alguna y con deseos frenéticos de venganza. Algunos actuaban cegados por el odio, otros aprovechando la coyuntura saqueaban cuanto almacén y bodega había en La Habana.
Se dio la orden de activar la opción cero y esa fue al parecer la chispa que encendió la llama. Por varios días se controlaron los focos de oposición, pero los túneles que ya estaban dispuestos para encerrar a un gran número de cubanos no dieron a basto, la multitud enfurecida y salvaje era totalmente incontrolable. No había dirección de ninguna de las partes. La respuesta del Partido en lugar de amedrentar a la multitud, la había enfurecido aun mas, los tanques en la calle, los muertos por doquier, los edificios humeantes, y los disparos de fusilería aumentaban a cada momento la ira popular. En las prisiones se dio la orden de fusilar a los enemigos del gobierno y rodear con militares bien armados los edificios penitenciarios, con la orden de tirar a matar en caso de motines. En el Combinado del este la revuelta no se hizo esperar, sin embargo, la respuesta de la dirección de prisiones fue abrir las compuertas de una presa aledaña y convertir la cárcel en un valle completamente bajo el agua, mas de cinco mil presos yacían ahogados bajo las aguas de la presa de la guayaba.

Todos estaban a la desbandada, los dirigentes de la revolución salían del País en manadas, nadie sabía donde estaba el Comandante en Jefe. Corrían rumores de que se había ido con toda su familia para Estados Unidos, sin embargo, las autoridades americanas lo negaban a través de las emisiones de Radio Martí que a la sazón se escuchaba con suma claridad en toda Cuba, es mas, era la única estación que tenia espacio en la radio, porque la red nacional de emisoras estaba fuera del aire. ¿Qué le había sucedo a Estados Unidos que en esta ocasión decidió no ayudar a Fidel Castro a salir de la crisis? Aparentemente esta vez la cosa no era crisis migratoria, si no, una verdadera sacudida nacional que determinó de una buena vez acabar con la dinastía castrista.

A Raúl ya lo habían fusilado, el propio Ulises Rosales le dio el tiro de gracia, sin embargo, horas mas tarde se supo que Colomé Ibarra se había hecho cargo del gobierno y emitió una orden de captura para Ulises vivo o muerto, igualmente se emitió la misma orden de captura para Fidel Castro que a la sazón nadie sabia donde estaba. No abandonó el país porque ninguna nave aérea lo había hecho en las últimas horas después que algunos dirigentes del gobierno abandonaron la Isla, como Ramiro Valdez que con toda su familia había llegado a Miami, allí lo esperaba obviamente su hijo que, ya para esos momentos había arreglado todo para la llegada de su padre, incluso una orden de garantía de custodia y vida de parte del Departamento de Estado americano.

Nadie sabía donde estaba Fidel, incluso ni el chino que había estado hasta el último momento a su lado pudo decir donde estaba el condenado viejo. Un hombre muy astuto sin lugar a dudas, --por donde menos se imaginen, por ahí mismo se va escapar el Viejo-- Solía decir el Chino.

Felipe Pérez junto a Carlos Lage y Alarcon estaban en la embajada americana. Otros no corrieron con igual suerte que estos, como Raúl y algunos militares y ministros cuyos cuerpos yacían sin vida tirados en la calle frente a la Plaza 20 de Mayo tapados con una sabana sin custodia, como cualquier perro.

Ya la cosa estaba tomando forma, se reabrió de nuevo la televisión y un llamado a la cordura de un disidente que nadie conocía, incluso ni en Miami, hizo que las aguas fueran tomando su cauce. La televisión solo daba programación americana, algunos partes de prensa que salían cada hora daban a conocer las medidas vengativas que estaban tomando la nueva junta de gobierno cívico militar. Venganza era lo que pedía el Pueblo, y venganza estaba dando el nuevo gobierno. Sin embargo, la orden de búsqueda mas intensa era la emitida contra Fidel Castro que se había desaparecido por completo, era como si se lo hubiera tragado la tierra, no estaba en ningún sitio conocido en el País, incluso se sospechaba con un cambió de personalidad. Se habían hecho bocetos de su rostro afeitado, con bigotes, sin bigote y sin barbas, pelado a rape, con sombrero, sin el, en fin, la búsqueda era estilo brujas, aun peor porque ya casi todas las brujas yacían junto a Raúl en la Plaza, solo faltaba la bruja en Jefe.

El Sol empezaba a salir y el horizonte comenzó a tornarse rojo anaranjado, varias vetas de nubes color púrpura le daban un toque de majestuosidad a la franja recta que separaba el mar del hermoso cielo. Una enorme esfera perfecta de color naranja ardiente comenzó a dejarse ver detrás del horizonte, y al mismo tiempo, como un regalo de Dios, comenzó a tornase cálida la brisa que para ese entonces ya había dejado de ser fresca para convertirse en ártica. Varios minutos después de ese espectacular escenario majestuoso natural, la perfecta línea del horizonte se hizo completamente visible. El balsero dio vueltas a su cabeza y por primera vez en su vida descubrió el verdadero significado de la obra de Dios, supo en ese instante de lo hermoso que es la existencia, de lo importante que es para la vida, vivir.

Ese espectáculo jamás experimentado por él en toda su existencia lo llevó a la conclusión de que su objetivo debía ser sobrevivir y llegar a su destino. Todo dependía de Dios, porque ya en Cuba no había tiranía y con la crisis nacional, a nadie se le iba a ocurrir salir al mar a repatriar balseros.

Ya habían transcurrido dos días, las noches frescas al principio y bastante frías al amanecer ya se estaban haciendo tediosas; el espectáculo natural mañanero era cada día mas hermoso, sin embargo, ya el agotamiento natural de estar tanto tiempo en el mar encima de una balsa que no cesaba de moverse un instante lo estaba debilitando sobremanera. Ya no podía con los remos y el agua potable se estaba agotando, ciertamente el alimento no le hacía mucha falta, casi no se había alimentado en esos dos días, pero el Astro Rey, el ardiente Sol de esos dos interminables días, le había hecho beber demasiada agua, si la cosa seguía así, posiblemente el preciado liquido no le iba a alcanzar. El tercer día, justamente después del mediodía, la pequeña brújula de pulsera que llevaba consigo al parecer se había dañado, dejó de funcionar en un momento, la aguja daba vueltas como un espiral lo mismo a favor de las manecillas del reloj, que a la inversa. De repente, el mar se tornaba oscuro y ya para las dos de la tarde el color negrusco del océano se confundía con el mismo color en el cielo, el horizonte dejó de existir y una presión barométrica muy fuerte casi lo ensordecía, los oídos los tenia taponados como cuándo se va en un avión a mucha altura. La balsa comenzó a moverse con total nerviosismo, y en los próximos treinta minutos estaba en medio de una tempestad horrible, eran solamente las dos y media de la tarde y le parecía la noche más oscura de su vida. La balsa ya no se sostenía sobre el mar, la mochila desapareció como por arte de magia, y los remos salieron despavoridos de sus manos como impulsados por un disparo. De pronto, un gran deseo de vomitar se apodero de él, y un mareo infernal con profundo dolor de cabeza lo hizo caer de bruces encima de la lona. Estaba fuertemente atado con una soga a la balsa, sin embargo, el embate de las olas era tal que por momentos no sabía si estaba encima de la embarcación o en el fondo del mar. Unos minutos más y la tarde terminó convirtiéndose en un verdadero infierno. La oscuridad era bien intensa, al punto que en un segundo se convirtió en oscuridad total. -¿Cómo habrán sufridos aquellos niños atrapados en las bodegas del remolcador trece de marzo aferrados a una puerta obstruida sin posibilidad de salir y el agua subiendo dentro del estanque por segundos? - ¿Cómo habría sido esa muerte, qué les vino a la mente en esos angustiados minutos finales, en quien estarían pensando? - Los miles de balseros que han sufrido los embates del furioso mar y que han sobrevivido conocen bien ese sufrir -¿Qué habrá pensado la madre de Elian el día que lo dejó al custodio de Dios en medio de este océano encima de una cámara inflable, o los muchachos de Tarará, o los del Río Canímar, en fin, tantos que solo el agua ha sido testigo de su infortunio? - Esa agua que solo ha servido en Cuba para ahogar infelices y bañar turistas extranjeros indolentes ante el sufrimiento cubano... No supo más, no vio nada, no escuchó, solo una luz brillante de impacto lo llevó a la nada.

Cuando hubo de abrir los ojos el viejo balsero, el último de los balseros, ya no estaba encima de la balsa, estaba sentado en la esquina de un barco, alumbrado por unas potentes luces brillantes, justamente en la cubierta de proa, con las manos atadas a la espalda. Dos guardias custodiando su presencia armados hasta los dientes. Cuando pudo organizar bien su memoria y ver con claridad sus alrededores se dio cuenta que había sido rescatado, trató de incorporarse pero una voz autoritaria le ordenó – No se mueva señor Fidel Castro, esta Ud detenido y va en camino de La Habana para ser juzgado por crímenes contra el Pueblo de Cuba. Un gran jurado lo espera en la Plaza de la revolución, con un juez, un fiscal, un abogado de oficio y doce millones de cubanos como testigos, y para postre, veinticinco oficiales de fusilería esperando frente a un palito ansiosos por derramar sobre su miserable cuerpo dos toneladas de plomo.



Luis Alberto Ramírez. Miami

"El Tulipan amarillo"

El chico camina lentamente por la polvorienta calle que lleva al cementerio viejo del Pueblo, casi arrastra sus pies descalzos por el ardiente camino, lleva sus manos dentro de los bolsillos rotos de su desteñido pantalón corto, no tiene camisa, la mirada baja, perdida en su aburrimiento…golpea una que otra ves pequeñas piedras sucias del camino tratando de entretenerse en algo. Juan es un chico delgado, bien delgado, de tez blanca, cabello color castaño ensortijado; se le pueden contar fácilmente las costillas que salen despreocupadamente de su diminuto tórax. De vez en cuando saca su delgada mano del bolsillo y pasa la parte posterior del brazo por su nariz tratando de secarla…una tristeza inmensa lo embarga, sus amigos, aquellos con los que un día compartió su alegría han marchado, está solo, muy solo; su madre murió hace unos meses y su padre casi no tiene tiempo de estar en el hogar. Solo tiene cuatro horas de estudios al día, así que asiste solo en la mañana a la escuela, la tarde le parece inagotable. En su casa no hay televisión, si, si lo hay, pero sucede que solo hay programación a partir de las seis de la tarde, no tiene juguetes, en verdad nunca los tuvo…en una ocasión su Tío Nicanor, el hermano de su Madre le había obsequiado un guante de béisbol y una pelota que compró allá en la capital en una tienda de esas que son para los turistas extranjeros, pero el tiempo y el uso constante hicieron trapos del guante y la pelota perdió su figura redonda y se convirtió en un pequeño plato flácido. Pero es feliz el chico, aun sin juguetes, sin amigos y sin entretenimientos modernos, de esos que disfrutan la mayoría de los niños del mundo, es feliz porque ignora los motivos de su tristeza; no sabe que existe otro mundo que no es ese donde el vive; sueña cada noche en viajar a la capital porque le han dicho que allí hay playas de aguas frescas y azules rodeadas de arenas blancas, y teatros donde se ven las películas en colores, en salas repletas de gentes…dicen que en la capital hay tiendas grandes llenas de juguetes, y aunque sabe que no son para disfrute de los cubanos, por lo menos podría ver a través de los cristales cosas que jamás ha visto; esa es su esperanza, su ilusión… o quizás también podría viajar donde fueron sus amiguitos con sus padres, ese lugar que todos llaman la Yuma y que su padre ni siquiera puede oír mencionar; su padre es muy raro, piensa el chico, sale todos los días rumbo a su trabajo, trabaja mas de diez horas diarias, casi siempre está reunido y viajando en misiones del trabajo y del partido comunista, viaja de un municipio al otro y nunca tiene dinero para siquiera comprarle un pantalón de esos de mezclilla que usan los chicos de ahora, ni un par de tenis, ni siquiera un pulóver de esos blancos que tienen un dibujo en el frente…hace casi un año le trajo uno de esos pulóver con la imagen del Che al frente, dice que se lo compró en una tienda de esas para extranjeros pero el chico sabe que es mentira, ese pulóver se lo dieron en el trabajo y se lo regaló porque le quedaba estrecho, de todos modos al chico no le gusta, es aburrido ese pulóver, todos los días tiene que ver la figura del Che en la escuela y en el cuadro grande ese que está en la sala de su casa.


Al fin llega a la puerta de entrada del cementerio viejo del Pueblo, gracias a Dios que el Sol está en el mero medio del cielo, de no ser así, aquel lugar fuera horripilante. La reja está rota, los balaustres están desoldados; cuelga una cruz de uno de los extremos de la puerta y el poste que la sostiene está partido al medio, las paredes de la verja tienen color tierra roja y el polvo se acumula abundantemente en toda la base del contorno de la verja, esa es la parte frontal del cementerio, a los costados lo cubre bardas improvisadas por los dolientes. Las estrechas calles dentro del local están muy deterioradas, las tumbas pintadas de blanco sucio se esmeran en lucir su antigüedad, muchas tienen corrida la tapa, otras están en deterioro lamentable, pero existen algunas que se pueden visitar. Donde yace la madre del chico es una de ellas, tiene hasta búcaros donde colocar flores, el chico no trae flores pero eso no le preocupa, hay bastante vegetación por los alrededores del viejo cementerio y las flores silvestres son abundantes. El panteón de la madre del chico está bueno, lo mandó a construir su padre por medio de un hermano que era a la sazón administrador de la dirección comunal del Pueblo. Todos los días después de la escuela va el chico a visitar la tumba de su madre, busca un poco de agua de una pila que hay cerca de la entrada del cementerio, recoge unas cuantas flores silvestres de los contornos y se sienta en un rincón de la bóveda a conversar con su madre.


“Mami…ayer llegó el viejo a la casa después de las diez de la noche, yo creo que ya no te quiere, yo creo que ya dejó de engañarnos… no comí nada en todo el día, es verdad que ya la cuota que dan en la bodega se acabó pero ¿Qué vamos a comer el resto del mes? yo le dije que se buscara un trabajo con los extranjeros, en el turismo, él que pertenece al partido y a todas esas cosas del gobierno podría resolver bien un trabajo donde pueda buscarse algunos dólares para poder comprar comida cuando se acabe la cuota de la bodega…Cuando tu estabas junto a nosotros las cosas eran mejor, recuerdo que desayunaba cerelax con leche; hace mucho tiempo que no tomo leche, papi no es igual que tu, tu si buscabas la leche donde fuera, recuerdo cuando a los siete años me quitaron la cuota de leche le dijiste a Papá que si tenias que jinetear lo harías para que yo tomara leche, ahora que lo recuerdo, nunca te pregunté ¿Qué cosa es jinetear?...Papi me hace limonada en la mañana pero ya se acabó el azúcar blanca y me la estoy tomando ahora con azúcar turbinada, esa que tiene mucha basura…el pan no está viniendo muy bueno, hay que comérselo acabado de comprar, si esperas mas de una hora ya no hay quien se lo trague” dice la gente que esta hecho de harina de boniato, je,je,je la gente es del caraj…¿cómo se puede hacer pan con harina de boniato?...


Hace silencio por unos segundos, está sentado justo en un rinconcito del estrecho pasillo que rodea la bóveda, en la cabecera, donde la sombra es más amplia; tiene sus manos apoyadas en sus desnudas rodillas y acaricia con ternura una foto de su madre, por momentos se la lleva a los labios y la besa, cada vez que lo hace dos gotas de lagrimas hirviendo corren despavoridas por sus mejillas y van a parar justo debajo de su nariz; levanta con suavidad su brazo y lo usa de pañuelo secando así su siempre húmeda nariz…mira al cielo, respira profundamente y continua su charla:


“La gente dice que Fidel se murió…Mami esto te lo cuento a ti porque se que me quieres y no me vas a denunciar, ni tampoco se lo vas a decir a Papi, bueno, a Papi no se puedes decir porque él ya no quiere venir por aquí…como te decía, todo el mundo comenta que Fidel se murió y que Raúl va a coger definitivamente el gobierno y que todo va a cambiar, pero yo creo que no, si Raúl tiene amigos como mi Papá entonces esto no tiene remedio…Mami estoy cansado de vivir aquí, ya no tengo con quien jugar, Maria la del frente se ganó el bombo y se fue con Ramoncito y Julito, Susana ¿te acuerdas? la de la cuartearía, también se ganó el bombo ¡que suerte!...en la esquina de la bodega se formó tremendo lío los otros días, parece que cogieron a Julián haciendo una balsa para irse y la policía llegó a la casa y se llevó a todo el mundo…aquí en este Pueblo todos se están yendo, yo también me quiero ir, aunque sea para La Habana, no me voy porque no quiero dejarte sola sino, ya yo hubiera dejado solo al viejo loco ese y me hubiese marchado para el caraj…total, después que Dios te tiene aquí no se preocupa de ti, ni de mi.”


Se pone de pies, coloca las dos manos detrás de la cintura, se estira un poco, bosteza, pasa la mano lentamente por encima del panteón, estira sus dos brazos y los coloca encima de la tapa, coloca su rostro entre los brazos y se queda acariciando la bóveda por unos segundos, se incorpora, mira a su alrededor y se sienta de nuevo.


Las horas fueron pasando y el Sol fue disminuyendo su intensidad, una leve brisa comenzaba a circular refrescando el ambiente agradablemente, el chico seguía sentado cabizbajo al costado de la bóveda sin importarle aparentemente que las sombras se fueran apoderando lentamente de la tarde para dar paso a la noche…una brisa muy fría le hizo reaccionar y dirigir la vista hacia arriba, a pesar que ya era casi de noche pudo ver claramente la figura de su madre sentada justamente en cima de la estructura de concreto que conformaba la tumba, una luz radiante rodeaba la silueta de la hermosa mujer y el cabello ondeaba al viento como cual virgen, su vestimenta era de una luminosidad acogedora, el vestido color rosa viva contrastaba perfectamente con el color de la piel desnuda de sus brazos y rostro, con una sonrisa angelical y sus brazos extendidos le daba a entender al niño que necesitaba un fuerte abrazo; Juan se dio cuenta al instante que su madre precisaba de su cariño y sin mediar siquiera una palabra se arrojó a los brazos de su amada madre…el chico como impulsado por la fuerza de un rayo extendió los brazos y se abrazó fuertemente, la bella mujer que por arte de magia había aparecido de repente en aquel lugar, comenzó a acariciarle la cabellera rubia de rizos al chico, así estuvieron por unos minutos, luego Juan levantó la vista sin soltar la cintura de la esbelta y bella mujer y ella arrancó del florero que estaba a su diestra repleto de tulipanes amarillos uno de ellos y con sumo cuidado se lo entregó al niño al tiempo que le dijo:


“No pidas una explicación, nadie tiene la respuesta, solo esta flor en su momento te la dará”


El chico tomó la flor amarilla y miró con ternura el rostro de su madre. Ciertamente aquello precisaba de una respuesta, no era un sueño, era demasiado real, en verdad aquella hermosa dama era su madre, lo sabia, aquel vestido lo recordaba con mucha precisión, ella se lo ponía siempre que iban juntos al viejo cine del Pueblo o alguna que otra fiesta patronal o cumpleaños, claro que era su madre, cómo podría olvidar su hermosa y radiante cara. Sin embargo, pudiera estar soñando mas no lo estaba, aquella aparición era de la vida real.


¿Por qué ya no era de noche? No entendía, mas no debía preguntar, la respuesta según su madre la tenia aquella bella flor amarilla.


La hermosa y luminosa dama se incorporó bajándose del armazón de concreto, tomó de la mano al chico y comenzó a caminar junto a él rumbo a la salida del cementerio, el niño estaba feliz, la compañía de su madre lo llenaba de una alegría indescriptible, a su paso veía como el cementerio había cambiado totalmente, tal parecía que cambiaron uno por otro. Las bóvedas eran otras, pintadas de blanco en su gran mayoría, colmadas de flores de incontables colores, rodeadas de una vegetación cortada perfectamente y de un verdor impresionante, las estrechas calles parecían acabadas de hacer, en su breve recorrido a la salida pudo ver con total sorpresa hasta algunos trabajadores uniformados podando con esmerada laboriosidad los jardines hermosos que colmaban el cementerio.


La puerta de entrada era otra, las rejas estaban deslumbrantes, como nuevas, de color blanco perlado, y las columnas imponentemente enormes, la cruz reluciente como acabada de colocar, la verja pintada también de un nítido color blanco daba la majestuosidad necesaria a aquel campo santo, ya no había tierra sucia abarrotada en la base de la verja, la calle ya no era un terraplén lleno de polvo y piedras sueltas, era casi una avenida, las bardas que rodeaban al cementerio ya no estaban, en su lugar había una cerca metálica pintada de gris. El chico de la mano de su madre no sabia si seguir enternecido con el rostro y la presencia de la bella dama o con el cambio que de repente había sufrido su viejo y otrora destruido pueblito.


¿Por qué aquel mágico cambio? No entendía, pero no debía preguntar, nadie tenia la respuesta, era recurrente en su tierna mente la pregunta mas, también la respuesta “solo el tulipán amarillo la tiene”


Caminaron de la mano por el bello camino, desnudos de preguntas, de respuestas, colmados de amor, sonrisas y lagrimas de felicidad, así poco a poco fue transformándose el Pueblo, a cada paso algo nuevo, bello, actual. A la entrada, a mano derecha, lo que antes era una casa vieja despintada ahora es un enorme mercado “La bodega de tomacito” decía un cartel gigante en frente, a la izquierda, lo que antes era la cuartearía, ahora es un complejo de casas bellas con portales comunes y algunos vecinos conversando y sentados en mecedoras; algunos chicos jugaban con juguetes de esos que seguramente venden en las tiendas para extranjeros de la capital.


Todo cambiaba a su paso, por fin llegaron a su casa, era otra la casa, si claro que era otra, el portal lucia dos mecedoras de madera torneada hermosas, el piso estaba cubierto de una losa nunca antes vista, la puerta también era de madera torneada y barnizada a la perfección, la sala era la misma pero pintada de color rosado pastel, el cuadro del Che ya no estaba, en su lugar hay uno con la figura de un hombre de mirada cándida con un corazón sangrante adornando su pecho. El comedor era el mismo también pero algo cambiado, lo adorna una enorme nevera y una mesa también enorme con cuatro bellas sillas, en cima, un frutero lleno de jugosas frutas que solo había visto en revistas extranjeras, tampoco estaba el cuadro de Fidel, aquel enorme cuadro con la foto de Castro parado en la cumbre de una montaña con un fusil a sus espaldas ¿Dónde se metió todo aquel calvario que había vivido desde el mismo día que nació? No, no era confusión, seguramente había sido una terrible pesadilla, la vida anterior, su padre comunista, la muerte de su madre, la falta de alimentos, de leche, de vestimenta, la partida de sus amiguitos, la Yuma, todo había sido una horrorosa pesadilla.


Se sentó en la mesa y su madre fue hasta la cocina a preparar algo de cenar, sin embargo, acompañó todo el tiempo a la madre, no se separó de ella ni un solo instante. Al fin llegó la hora de cenar, se sentaron juntos, uno frente al otro, la cena era espectacular, de apetitosa fragancia, por un instante tomó las manos de su madre y las llevó junto a la flor amarilla hasta sus labios y la besó con frenesí, se sentó de nuevo en su lugar y la madre en ese instante levantó la vista y dijo:


“Hijo, ahí tienes a tu padre”


El chico volteó la cara y antes de ver la figura de su padre sintió un gran apretón de hombros, todo se puso negro, y entre penumbras escuchaba una voz que le decía:


“Hijo, Juan, hijo mío”


De repente vio la figura de su padre parado frente a él… aparentemente se había quedado dormido sentado a los pies de la bóveda, de nuevo la pesadilla recurrente, sin embargo, observó su mano y vio el tulipán amarillo en ella, miró rápidamente para el búcaro de donde la madre lo había sacado y allí no había ese tipo de flor, solo rosas silvestres que él mismo recogiera de los alrededores , fue entonces que comprendió en verdad el por qué la madre le dijo que la respuesta se la daría en su momento el tulipán amarillo.